
Historia de una ella que no era mi esposa, un él que no era mi hijo y de un yo que no era el esposo.
Me estremece un suave murmullo,
Una dulce sonrisa que inunda mis sentidos
Un haz de luz, abriendo las tinieblas
Había sido un día difícil, anodino, sin mucho trabajo, de un inicio expectante como cada lunes, cuando uno espera siempre ver de nuevo las mismas caras sonrientes, o tristes, serias o enojadas, bellas o tardecinas; había comenzado con el despertador sonando antes del despertar del alba, con alguna canción pop de las mil veces repetida, y que no recuerdo o tal vez no me importa recordar.
Y ahí estaba mi primer pensamiento del día para ELLA, con ese mirar enamorado, y su cuerpo en posición de ataque, y mis letras empezando a fluir hacia ella a través del celular: “amor, pienso en ti en este momento, eres mi primer pensamiento del día!...
Voila!!! Así se inicio el día, tratando de captar en realidad que significaba ese primer pensamiento hacia mi amada, en realidad era un solo “te extraño”? o ese primer pensamiento, pudiera significar: “extrañe tu piel todas estas horas lejos de la mía, y quiero de nuevo estar a tu lado”?, o bien, es esa añoranza del ser en su esencia, cuando subliminalmente se desliza en nuestro pensamiento, o mejor dicho despierta en nuestro pensamiento porque ya vive en él.
Me levanto, con la misma rutina de siempre, lavarse los dientes, rasurarse, a veces pienso que las mujeres son afortunadas de no tener que hacerlo, pero luego pienso….bueno no todas son tan afortunadas…., y luego pienso, bueno creo que es mejor que lidiar con SAN-GREgorio cada mes y tenerse que aguantar a si mismas, asi que mejor continuo mi rutina alegremente.
Abro la ducha, o sea el agua caliente de la regadera, y de repente esa sensación de ausencia, como si me faltara un miembro del cuerpo ( quise decir una extremidad), sensación de oquedad, algo o alguien falta ahí junto a mi, asoma traviesa la melancolía.
La ropa que ponerse, algo que no me preocupa un traje negro y cualquier corbata, mientras repaso si hay alguna cita importante; pan comido, me visto sin problemas, ninguna salida prevista durante el día.
A través de la ventana se escucha el encendido de un motor, un ronroneo de un auto de modelo reciente, y voces confusas, que apresuran a niños y mamas para salir de la casa, parecieran enojados o estar muy contentos y bromean.
El día no pinta despejado, mas bien un nublado sin ganas baña el cielo de un lecho blanquecino que no amenaza lluvia, tal vez si, un poco de melancolía, me sumerjo en el tráfico de las 8 de la mañana, ya no toco casi el claxon, la verdad en esta ciudad poco se gana, lo mejor es aventar el coche y avanzar poco a poco lugares a señoras y cutes malencarados, es como empezar a cosechar los primeros triunfos del día en esta ciudad.
El día transcurre con el trabajo de siempre con las dificultades de siempre, con los comentarios de siempre, con las soluciones de siempre, nada especial, tal vez si un poco mas difícil que el ultimo de la semana anterior.
Es hora de regresar a casa.
Vaya olvide las llaves, pero no hay problema pienso, y toco la puerta y llamo a mi amor para que me reciba y me haga olvidar la rutina del día, inquieto oigo acercarse sus paso, cuento 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 y las llaves abriendo la puerta, que horror la histeria de esta ciudad nos resta espontaneidad; la puerta se abre y yo la abrazo y la levanto haciéndola girar por los aires, besando su cuello, que felicidad, al fin en casa, la tomo de las piernas y la introduzco en la casa cargada en mis brazos, sonriente hasta ese momento.
Dentro, el pequeño esta llorando, sentado sobre sus piernas a un lado de la puerta, dejando entrever sus calcetines rotos, mas que llorar solloza, como un niño que no pudiera jugar el yoyo ( o debiera decir Xbox o Wii), su llanto es triste pero no profundo, bajo a mi mujer y me acerco a el para consolarlo e investigar el motivo de su llanto.
Solo llora, tendrá que aprender a hacerlo, no es mejor no sentir que sentir en demasía, mi niño no llores, anda comamos un poco de helado de vainilla. Su llanto amaina, y cansado sube despacio hacia su cuarto.
Ella se enlaza de nuevo a mi cuello y a mi cintura con sus piernas, besa mi cuello, oidos y brazos, yo la sostengo de sus gluteos, breves y bien formados, jugueteamos un rato mas, introducimos algunas cerezas en nuestras bocas mientras “reñimos”; arriba el niño ya no llora, ella se baja de mis piernas sin despegar su cuerpo, mientras con sus manos invisibles busca los recibos del celular, y del teléfono, la renta, la “cole” y de los seguros; nuestros cuerpos empiezan a despegarse, nuestras manos y piernas a desenlazarse, me alejo, apenas si rozan ya mis dedos sus dedos, y su mano empieza a aparecer mas lejana, camino hacia atrás, sin mirar, camino hacia la puerta, acabo de ver aquel viejo portarretrato donde posaron ella, “yo” el niño en algún perdido puerto, donde la brisa agitaba su cabello, haciéndola ver indómita y salvaje, y continuo caminando sin ver hacia la puerta, la abro y salgo a través de ella.
Que curioso, juraría que era mi casa, pero no era mi mujer, ni mi niño… ni mi puerta.
Bueno debería tener mas cuidado, quien sabe y mañana tal vez no vuelva olvidar mis llaves, ha sido un día difícil lo decía, que bueno que pueda al fin llegar a casa, donde solo mi yo me espera.
jordi