PROVOCADOR
Provocador de piel desnuda, que corre por mis labios, en ternura infinita que se desborda en ti, hundiendo mis besos en el aposento de tus cabellos negros, mientras aspiro un tenue aroma a gordolobo, curador de propiedades melíferas; el silencio conmovido se oculta tras los fresnos, teñidos de un suave sol matutino, recién despertado por el frio y por los besos emanados de los labios amantes, que ceden ante unos ojos castaños refulgentes.
Provocador de suspiros, derivados de la respiración entrecortada, del acercamiento de mi respirar andante, rodeando tu nariz, la comisura de tus labios, manteniendo en silencio la boca amada, que espera con ansia el tropiezo de su caminar para descansar al fin en un beso.
Provocador de rubores, de cielos rojos y vivos, que acompañan nuestro paso por Perlillas durmientes de octubre, que esperan la próxima primavera para decorar; ahora rusticas, que barren tímidamente las hojas caducifolias; rubores estivales entre espacios ausentes, entre pechos y muslos aproximantes que se sienten y flotan en ensueño.
Provocador de mujer de volúmenes transparentes, que atraviesa traviesa la hojarasca del árbol mariposa el Tepozan que nos acuna y nos oculta amantes de la vista de las personas ausentes; pareja arrobada y arropada de caricias, paseantes de rocas que sostienen gustosos los compases de tus pisadas, senderos que se elongan hacia el río que extienden sus ramas para motivarnos, para provocarnos y yo provocador olvido tu nombre para perderme en tus desvaríos.
Provocador de tu vientre y tus pechos, rigidez abandonada, no queriendo dejar huella, pero la nobleza inclinada, provoca el arrebato de los sentidos y cae el provocador perdido entre perlillas, tepozán y gordolobos, para habitar y deshabitar la casa que sin tregua no espera respuesta y se entrega con pulcra indigencia.

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