martes, 9 de marzo de 2010

Historia de un niño sin importancia


Historia de un niño sin importancia


Tomé mi vehículo como todos los días, salí de casa sin prisa, con el tiempo necesario para llegar a mi destino; era una mañana despejada de febrero, agradecí al Dios Eolo el paisaje de esa mañana bañada de sol y claridad en la ciudad, apercibiéndose incluso a los lejos los Volcanes – don Goyo y su mujer -, maravillosos, cubiertos de esa nieve perpetua que se derretirá seguramente al término de la primavera.
Di la vuelta en “U” en la avenida y empecé mi día en el volante, había apenas cambiado de coche, y en el pensamiento habitaba solo la idea de acoplarme a el, por el momento era lo importante, ah y también pensé en ponerle gasolina para la semana.

En la esquina, lo de siempre, ese anciano con mal de parkinson, mi cliente como le digo, al que procuro darle alguna moneda, aunque ha cambiado su horario, tal vez haya mejorado el negocio, o tal vez sea mas propenso al frío y se ha percatado que no afecta a sus finanzas salir un poco mas tarde.

En el siguiente semáforo, el niño malabarista, difícil adivinar su edad, 7, 8 años? Que pudieran ser 10, los necesarios tal vez para ya saber robar o chantajear con su ropa sucia y resquebrajada, vomitiva y repulsiva y su cara “x” sucia también y resquebrajada también. Adivino que usaba pantalón de mezclilla, o lo que fue un pantalón de mezclilla, y una playera otrora blanca, donde apenas se alcanzan a leer las letras finales de alguna campaña electoral de color beige o tal vez haya sido amarilla – …BRADOR – reza la playera sucia y maloliente. No estaba muy lejos, pero las eternas luces rojas, me daban tiempo de apreciarlo, acercándome poco a poco, mientras el ignorante de mí repetía una y otra vez sus malabares.
Mazda 3, placas 101USB, numeración algo así como metafísica, como invocando ese aparato de memoria que llevo en el interior del bolsillo del pantalón no?, bueno a quién le importa.
Me acerque mas a la línea de salida, es decir al crucero, anhelante de luz amarilla primero en el semáforo de la avenida perpendicular y atento al color verde de la mía; mientras tanto, tenía ya al niño a mi alcance.
Viéndolo bien no tenía rasgos indígenas ni indigentes, era puedo decir hasta bien parecido, si hubiera nacido en alguna mejor familia, o debo decir si tan siquiera hubiera tenido una. Sus ojos vivarachos y llenos de vida, alegres, de pupila distendida, tal vez por ser temprano, antes de las 9:00, posiblemente no había almorzado y el hambre no había despertado aún.
Quien sabe, mas tarde, cuando el sol además de bañar las calles, comience también a recordarnos con su calor la comida, la sed, el hambre, y percibamos en ese sudor mediodiero que tenemos hambre, mas, ese niño; ya no tendría esa cara alegre y esos ojos vivarachos.
Mientras admiraba sus malabares, me preguntaba a que escuela iría, a aprender a hacer malabares por supuesto, porque a quién le importaría si sabe leer o escribir, o cantar, o bailar, que mas da, eso no es importante, posiblemente pueda saber algo de inglés pero no escribir su nombre. En fin, sus manos sin mucho esfuerzo controlaban 2,3, 4 pelotas, haciéndolas girar en el flujo se sus manos, sin mucha prisa, tomando el tiempo solamente justo de avance de cada semáforo. Sus manos obviamente sucias, entre negro, gris y un leve color carne que mas que se veía se adivinaba dejaban entrever, los círculos de la constancia de las monedas de 1 tal vez 2 pesos, todos círculos pequeños. Manos mugrientas, tal vez incapaces de hacer mas nada que jugar con las pelotas y cazar algunas monedas. Manos pequeñas, inútiles, sin esperanza, sin sentido mas que el de sobrevivencia de un día más, solo eso, no esperan un sueño tranquilo, ni descansar, porque no sabe siquiera si necesitará un día mas para ello, solo el hoy, mañana tal vez no esté, tal vez se drogue, se contagie de alguna enfermedad, o no duerma por el frío o el calor, o porque tiene hambre. Esa hambre que se sacia con el solo no pensar en ella, o de ingerir cualquier cosa que engañe al estomago, o que gracias a algún generoso “amigo” pueda fumar cualquier cosa que le haga olvidar el hambre para poder empezar de nuevo al siguiente día, mientras se acurruca dentro de una coladera maloliente para acabar el día, o tal vez, solo tal vez, atrape alguna cucaracha para saciar su hambre y pueda dormir tranquilo, total, a quien le importará que coma esa cucaracha, nadie la extrañara, nadie al igual que al niño.
Ups, la luz verde se ha puesto, distraído en el niño estaba en Parking esperando el cambio de luz, le doy una moneda en su mano al niño, desearía estrechársela y desearle buena suerte ese día, pero vamos, en que le ayuda y a quien le importa ese niño.
Avanzo, que felicidad…bueno tengo que preocuparme por adaptarme de nuevo al auto, que calamidad, eso es lo que importa.

Jordi

lunes, 8 de marzo de 2010


Historia de una ella que no era mi esposa, un él que no era mi hijo y de un yo que no era el esposo.

Me estremece un suave murmullo,
Una dulce sonrisa que inunda mis sentidos
Un haz de luz, abriendo las tinieblas

Había sido un día difícil, anodino, sin mucho trabajo, de un inicio expectante como cada lunes, cuando uno espera siempre ver de nuevo las mismas caras sonrientes, o tristes, serias o enojadas, bellas o tardecinas; había comenzado con el despertador sonando antes del despertar del alba, con alguna canción pop de las mil veces repetida, y que no recuerdo o tal vez no me importa recordar.
Y ahí estaba mi primer pensamiento del día para ELLA, con ese mirar enamorado, y su cuerpo en posición de ataque, y mis letras empezando a fluir hacia ella a través del celular: “amor, pienso en ti en este momento, eres mi primer pensamiento del día!...

Voila!!! Así se inicio el día, tratando de captar en realidad que significaba ese primer pensamiento hacia mi amada, en realidad era un solo “te extraño”? o ese primer pensamiento, pudiera significar: “extrañe tu piel todas estas horas lejos de la mía, y quiero de nuevo estar a tu lado”?, o bien, es esa añoranza del ser en su esencia, cuando subliminalmente se desliza en nuestro pensamiento, o mejor dicho despierta en nuestro pensamiento porque ya vive en él.

Me levanto, con la misma rutina de siempre, lavarse los dientes, rasurarse, a veces pienso que las mujeres son afortunadas de no tener que hacerlo, pero luego pienso….bueno no todas son tan afortunadas…., y luego pienso, bueno creo que es mejor que lidiar con SAN-GREgorio cada mes y tenerse que aguantar a si mismas, asi que mejor continuo mi rutina alegremente.

Abro la ducha, o sea el agua caliente de la regadera, y de repente esa sensación de ausencia, como si me faltara un miembro del cuerpo ( quise decir una extremidad), sensación de oquedad, algo o alguien falta ahí junto a mi, asoma traviesa la melancolía.

La ropa que ponerse, algo que no me preocupa un traje negro y cualquier corbata, mientras repaso si hay alguna cita importante; pan comido, me visto sin problemas, ninguna salida prevista durante el día.

A través de la ventana se escucha el encendido de un motor, un ronroneo de un auto de modelo reciente, y voces confusas, que apresuran a niños y mamas para salir de la casa, parecieran enojados o estar muy contentos y bromean.

El día no pinta despejado, mas bien un nublado sin ganas baña el cielo de un lecho blanquecino que no amenaza lluvia, tal vez si, un poco de melancolía, me sumerjo en el tráfico de las 8 de la mañana, ya no toco casi el claxon, la verdad en esta ciudad poco se gana, lo mejor es aventar el coche y avanzar poco a poco lugares a señoras y cutes malencarados, es como empezar a cosechar los primeros triunfos del día en esta ciudad.

El día transcurre con el trabajo de siempre con las dificultades de siempre, con los comentarios de siempre, con las soluciones de siempre, nada especial, tal vez si un poco mas difícil que el ultimo de la semana anterior.

Es hora de regresar a casa.

Vaya olvide las llaves, pero no hay problema pienso, y toco la puerta y llamo a mi amor para que me reciba y me haga olvidar la rutina del día, inquieto oigo acercarse sus paso, cuento 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 y las llaves abriendo la puerta, que horror la histeria de esta ciudad nos resta espontaneidad; la puerta se abre y yo la abrazo y la levanto haciéndola girar por los aires, besando su cuello, que felicidad, al fin en casa, la tomo de las piernas y la introduzco en la casa cargada en mis brazos, sonriente hasta ese momento.
Dentro, el pequeño esta llorando, sentado sobre sus piernas a un lado de la puerta, dejando entrever sus calcetines rotos, mas que llorar solloza, como un niño que no pudiera jugar el yoyo ( o debiera decir Xbox o Wii), su llanto es triste pero no profundo, bajo a mi mujer y me acerco a el para consolarlo e investigar el motivo de su llanto.

Solo llora, tendrá que aprender a hacerlo, no es mejor no sentir que sentir en demasía, mi niño no llores, anda comamos un poco de helado de vainilla. Su llanto amaina, y cansado sube despacio hacia su cuarto.

Ella se enlaza de nuevo a mi cuello y a mi cintura con sus piernas, besa mi cuello, oidos y brazos, yo la sostengo de sus gluteos, breves y bien formados, jugueteamos un rato mas, introducimos algunas cerezas en nuestras bocas mientras “reñimos”; arriba el niño ya no llora, ella se baja de mis piernas sin despegar su cuerpo, mientras con sus manos invisibles busca los recibos del celular, y del teléfono, la renta, la “cole” y de los seguros; nuestros cuerpos empiezan a despegarse, nuestras manos y piernas a desenlazarse, me alejo, apenas si rozan ya mis dedos sus dedos, y su mano empieza a aparecer mas lejana, camino hacia atrás, sin mirar, camino hacia la puerta, acabo de ver aquel viejo portarretrato donde posaron ella, “yo” el niño en algún perdido puerto, donde la brisa agitaba su cabello, haciéndola ver indómita y salvaje, y continuo caminando sin ver hacia la puerta, la abro y salgo a través de ella.

Que curioso, juraría que era mi casa, pero no era mi mujer, ni mi niño… ni mi puerta.
Bueno debería tener mas cuidado, quien sabe y mañana tal vez no vuelva olvidar mis llaves, ha sido un día difícil lo decía, que bueno que pueda al fin llegar a casa, donde solo mi yo me espera.


jordi