
Falda gris, 7.5 centimetros arriba de la rodilla, afuera llovía, nunca ocurría nada, pero llovían por dentro los celos. La selección nacional de futbol, mientras en la tele nos honraba con pasar a cuartos de final…..perdiendo.
Pelo corto, sonrisa detallada, ningún interés, solo atendía meneando la falda, seguía lloviendo afuera, los pulmones se expandían, el olor a tierra-asfalto mojado nos inundaba, mientras abrazaba yo a mi compañera y le repetía los “te amo”, quieres vivir conmigo le decía, con el temor de la condena pendiendo de una respuesta; pero quien piensa en la condena como fatalidad, porque no como un azar benéfico al que uno por propia voluntad se condena.
Comía mi sopa cubana, eufemismo de la sopa de chicharo que me atragantaba, era tarde, tenía hambre, pasaba el mendigo tadicional por las calles del centro, como si su ausencia augurara malos tiempos, como sin su presencia, estuviera incompleto el “primer cuadro”. Viéndolo me preguntaba, si sus vestiduras rasgadas, su mal olor, no fueran sino nuestros olores por el vagabundo pepenados.
Compañera, novia mía, mientras ella saboreaba, su arroz con sus dientes sanos, pequeños y blancos, pelo corto y una sonrisa desdoblada, sus labios vueltos hacia mi, su cuello abierto a mi enamorado beso.
Mas agua? La chica de pelo corto, sonrisa detallada, con falda arriba de la rodilla 7.5 cm exactos, nos ofrecia; mi novia, su boca hacia un lado la inclinaba, seguía lloviendo, no había rosas, ni orquídeas alla afuera, que pudiera regalarle la novia mía. Amante, deliciosa como flor abierta por mis caricias la acunaba, mientras pasaba el perro callejero, chorreando hambre y lluvia, corriendo como si un reloj misterioso lo checara.
$142 pesos pagar por una comida, donde servía la chica de pelo corto, sonrisa detallada, con falda arriba de la rodilla 7.5 cm exactos, no nos hacia falta la chica. Era alimentar los tiempos para estar con mi novia y viajar por debajo de su falda.
En la esquina, mientras tanto un niño de la calle se mojaba, sin importarle que gastara $142 pesos en mi comida, ni se detenía en su pedir limosna para comer y para su droga. Salimos del restaurant, olvidando a la chica, al niño y lamentando solamente que no hubiera rosas u orquídeas para regalarle a mi novia.
jordi

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